El Bosque Estatal de Guánica es la reserva forestal más compleja de Puerto Rico en términos de su flora y fauna

Reserva ecologica de renombre mundial

Domingo, 8 de septiembre de 2002
Por Carla Mendez Marti
El Nuevo Día

Cuando uno piensa en los bosques de Puerto Rico, lo primero que viene a la mente de la mayoría de los puertorriqueños es una humedad extrema, helechos de todo tipo y, en ocasiones, el posible encuentro con una cascada o un riachuelo. Empero, cuando uno visita la árida zona sur de la Isla, el panorama que se presenta es diferente. Resulta casi imposible imaginar que es aquí donde existe un singular ecosistema conocido como el Bosque Seco de Guánica.

Una de las reservas forestales más complejas de Puerto Rico, y la más diferente en términos de su flora y fauna, el Bosque Estatal de Guánica está clasificado científicamente como un bosque seco subtropical. La peculiaridad de su naturaleza hace de éste un lugar no sólo de gran belleza escénica, sino de importancia científica. Tanta es su aportación a la Isla y al mundo, que en 1981 la UNESCO designó el Bosque como Reserva Biosférica Internacional, la segunda en Puerto Rico luego del Bosque Estatal El Yunque.

"Según el programa de UNESCO, se supone que una Reserva Biosférica una al ser humano con la biósfera en muchos aspectos, de manera que se nutran entre sí. El bosque provee un servicio a la comunidad y las personas deben ayudar a conservarlo y utilizarlo para bien", comenta Miguel Canals Mora, oficial de Manejo del Bosque Seco por más de 20 años.

Una de las principales razones para designar este bosque como reserva biosférica internacional es la versatilidad de sus ecosistemas, que van desde árboles siempre verdes y algas marinas hasta cactus, en lugares montañosos, llanos y marinos. Esto se debe a que el Bosque, que se compone principalmente de miles de cuerdas de terreno, cuenta igualmente con un área marina, la que incluye varios cayos a lo largo de la costa sur como María Laria, Cayo Caribe, Isla Río, Cayo Jueye y el cayo Guilligan's, entre otros. Los mismos son manejados por el servicio forestal.

Si nunca ha visitado el Bosque Estatal de Guánica, que compone más del 50% del terreno total del municipio de Guánica, debe planificar con sus familiares o amigos para dar un recorrido por este inigualable espacio natural, ya sea para montar un picnic, hacer ejercicios o simplemente para admirar la naturaleza.

Guía natural de la reserva

Al adentrarse al Bosque Seco de Guánica sentirá un calor intenso, el mismo que hace cuestionar de qué forma toda la flora que se observa a ambos lados de las veredas puede sobrevivir en tales condiciones, sin agua ni humedad. Pero descubrirá que ésa es precisamente la fascinación que ejerce este edén natural, lleno de más de 700 especies de plantas.

El Bosque Seco de Guánica comprende 11,000 cuerdas de terreno localizadas entre las municipalidades de Guánica, Guayanilla y Yauco (en Ponce y Peñuelas se encuentran los islotes marinos que son parte de la zona marítima de la reserva del bosque). El Bosque se encuentra en la región más seca y árida de la Isla, donde sólo se registra una precipitación anual de 30 pulgadas y donde las temperaturas fluctúan entre los 80 y los 100 grados, especialmente en esta época veraniega, por lo que es indispensable llevar mucha agua para su visita.

Las características distintivas del Bosque Seco tienen que ver con la geografía del área, pues el 90% del bosque se encuentra sobre una formación de rocas sedimentarias, principalmente de roca caliza depositada aquí hace millones de años. "Mucha de esta roca es fosilífera; por esto es posible que durante su caminata se tope con una interesante huella de planta o animal", dice Canals.

Por otro lado, el sistema de drenaje natural del bosque, mediante el cual el agua se filtra por la roca caliza y el sedimento creando unos riachuelos subterráneos, mantiene la humedad activa por largo tiempo en ciertas partes del bosque, ayudando a algunas plantas. Mientras que las zonas que sostienen un contacto directo con el sol reflejan un terreno desértico todo el tiempo, aun en la época más lluviosa, que comienza para esta fecha, ideal para otras especies.

Estos factores dan origen a la versatilidad de flora y fauna, la cual deslumbra al mirar cualquier esquina. Caminando por las veredas pedregosas, podrá observar especies siempre verdes como el palo de hierro, guayacán y guayacán blanco, latea y cocoloba en las pendientes. Pero también se encontrará con el típico úcar, el corcho bobo, la serrasuela, la planta aromática hoja menuda, el cupey y la uvilla. El dildo cactus, el gumbo-limbo y la flor de alhelí son de los más vistosos, al igual que las múltiples orquídeas y las bromelias. "Se han encontrado en esta región más de 700 especies de plantas", recalca Canals, "de las cuales unas 48 están en peligro de extinción o amenazadas.

Para combatir este problema, nosotros tenemos nuestro vivero propio, donde siempre tratamos de salvaguardar esas especies importantes para que se sigan reproduciendo". Las plantas y árboles no son los únicos elementos vistosos. Los aficionados al pasatiempo de observar aves pueden pasar horas en el bosque, por la cantidad de especies que hay, especialmente para los meses de noviembre, diciembre y enero, cuando sobrevuelan las aves migratorias junto con las endémicas. "Este bosque es de los más interesantes de la Isla, pues cuenta con 135 especies de aves de las cuales unas 70 a 75 son nativas, como el guabairo, pelícano y la mariquita.

También están las migratorias y las acuáticas", añade Canals, quien se conoce el bosque como la palma de la mano. Uno de los animales más particulares del bosque es el llamado sapo concho (Peltophryne lemur), especie que sólo se ha encontrado sustancialmente en este bosque, principalmente porque es aquí donde se reproduce. Esta especie es endémica de Puerto Rico y está protegida por la ley de especies en peligro de extinción desde 1987. Los sapo conchos adultos suelen mantenerse ocultos, por lo que no hay mucha probabilidad de poder observar alguno, y se entierran en cavidades o aperturas en la roca caliza.

Sólo salen para depositar sus huevos en charcas creadas durante períodos de lluvia, algo poco usual en estos lares. Pero también hay especies particulares como el lagartijo de bosque seco, el lagarto rabo azul y el carey de concha, el camarón de caverna, el manatí y el tinglar en las zonas marítimas.

Veredas para todos

Las veredas son la forma más accesible para conocer el bosque. El sistema actual se remonta a la época de la llegada de los norteamericanos, pues fue el Forest Legacy del Departamento de Agricultura Federal la entidad que trazó las veredas que hoy por hoy le dan la vuelta a más de la mitad del bosque, veredas que en su mayoría son hechas con la misma piedra caliza del bosque.

Hay alrededor de 36 millas de veredas para recorrer, ya sea en caminata, trotando o corriendo bicicleta. Cada una ofrece su encanto y la longitud de las mismas varía para satisfacer todas las habilidades físicas.

Ballena es la vereda más fácil de recorrer. Tiene 2 km y se extiende desde la caseta de visitantes hasta lo que se conoce como la playa de Punta Ballena. En esta ruta puede ver al Guayacán Centenario, que tiene aproximadamente 700 años.

Las Cobanas es una de las veredas más rústicas y desbalanceada en cuanto a terreno. Los 3.5 km del recorrido lo llevarán por una plantación abandonada de árboles campeches, antes muy utilizados para pintar textiles por el colorante negro de su tronco.

Cueva es una vereda ancha, fácil de recorrer y corta, en sólo 1.5 km podrá ver numerosas mariposas, el ave turpial y una cueva donde "descansa" un sinnúmero de murciélagos. Para visitar la cueva tiene que ir acompañado de un guía.

La vereda Fuerte es la única que cuenta con una infraestructura a lo largo del camino. La ruta de 5.5 km es mayormente en pendiente, ya que el punto final es el Fuerte Caprón, antiguo observatorio de la armada española, desde donde se observa una impresionante vista de la Bahía de Guánica.

Granados es la mejor vereda para observar aves y Gutiérrez es la vereda ideal para observar la recuperación y reforestación de un bosque.

Lluberas, por su parte, es una de las rutas más longevas. Durante un paseo de 8 km podrá observar la mayoría de las especies más importates del bosque, al igual que las ruinas de una antigua central azucarera.

Meseta es posiblemente una de las veredas más interesantes, ya que combina en sólo 3.5 km la vegetación boscosa con la belleza marina. Es un paseo donde respirará los olores salubres y se bañará levemente por el salpicar del agua en la costa.

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